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ANIVERSARIO
50 DEL GRUPO GUAJANA
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Crónicas de un medio siglo
Guajana:
Del fruto a la raíz
Marcos Reyes Dávila
De pronto, uno se percata de la
importancia intrínseca del
acontecimiento: hablar de medio siglo es
hablar de épocas sustantivas. Y es que
cualquier historia de la literatura
puertorriqueña consigna el hecho de que
la literatura puertorriqueña se
constituye –o nace– con los primeros
libros que produce la imprenta, cerca ya
la mitad del siglo XIX. La obra germinal
de Manuel Alonso, El gíbaro, la
preludian las colecciones y las
publicaciones en la prensa periódica
unos pocos lustros antes. La obra de
Tapia arranca también por los mismos
años de El gíbaro de Alonso. Entre ese
germinal de frutos, y nuestros días,
transcurren sólo poco más tres medios
siglos. Uno de ellos, el último,
contempla la manera como la obra de la
generación del sesenta, particularmente
la del grupo de poetas de Guajana,
convierte ese fruto en raíz nutricia de
la literatura y la cultura nacionales de
Puerto Rico.
Puerto Rico celebra con este número
no sólo la irrupción fundacional, sino
la prolongada cosecha de un grupo de
poetas que probablemente constituyen un
fenómeno en la literatura
latinoamericana, y quizás en la del
planeta, pues acaso sea el grupo Guajana
el de más prolongada existencia. Amén de
la larga jornada y la odisea de una
camaradería pertinaz, el grupo
constituye también una constelación de
frutos clásicos de la cultura nacional
puertorriqueña, caribeña y
latinoamericana. La edición antológica
que preparamos para su trigésimo
aniversario, Hasta el final del fuego
(1992) define ya por siempre el grupo
fundacional: Vicente Rodríguez
Nietzsche, José Manuel Torres Santiago,
Wenceslao Serra Deliz, Andrés Castro
Ríos, Marcos Rodríguez Frese, Marina
Arzola, Edgardo López Ferrer, Juan Sáez
Burgos, Ángela María Dávila, Ramón
Felipe Medina, Edwin Reyes y Antonio
Cabán Vale. Como los años convierten el
fruto en raíz nutricia, Guajana rebrota
hacia los lados y hacia el futuro en la
obra de autores como Carlos Noriega,
Juan Mestas, Reynaldo Marcos Padua y
Marcos Reyes Dávila.
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COMUNICADO GRUPO GUAJANA DE POESÍA
ANTE MUERTE DE DON RICARDO ALEGRÍA
Nuestro grupo Guajana de Poesía desea
expresar su profundo pesar por la muerte
de don Ricardo
Alegría Pons ocurrida en la mañana del 7
de julio de 2011. Desde muy temprano,
varios periodistas y personalidades del
mundo cultural y político han destacado
los méritos de este gran puertorriqueño.
Sus ejecutorias han sido reconocidas y
hasta imitadas en el Caribe y
Latinoamérica, incluso en comunidades
boricuas que afirman nuestra cultura en
los Estados Unidos. Fue un verdadero
precursor en todas las
tareas que se impuso con el objetivo de
darnos a conocer aspectos
importantísimos de nuestra heren-
cia cultural e histórica, como el mundo
y arqueología indígenas, nuestra
negritud, la aportación de
nuestros pintores y escritores, el
rescate arquitectónico del Viejo San
Juan, cosas que han colaborado
notablemente en afianzar nuestra
personalidad de pueblo y orgullo
nacional.
Nuestra relación personal con él fue
algo muy especial que merece gratitud y
memoria. Cuando éra-
mos sólo un grupo de jóvenes
universitarios entusiasmados con la
literatura, a comienzos del año 1961,
no dudó en facilitarnos un espacio para
reunirnos en el viejo ICP durante las
noches de viernes. En ese
abrigado espacio se fue consolidando
nuestro grupo, que entonces se llamaba
"Asociación de Jóvenes
Escritores". Con ese nombre ofrecimos
allí mismo dos recitales literarios, uno
de poesía y otro de cuen-
tos. En aquella especie de taller,
leíamos nuestras creaciones y las
criticábamos solidariamente. Tam-
bién allí comenzamos a imaginar una
revista que, luego de una noche de
debate, se tituló finalmente
"Guajana", nombre con el que se
conocería primero en Puerto Rico y más
tarde en Latinoamérica, lle-
gando a ser la revista más longeva del
mundo hispánico, y que incluso a
comienzos de este siglo se es-
tá publicando en Internet, adaptándose a
los nuevos tiempos. Desde la primera
edición en septiembre
de 1962, don Ricardo nos ofreció un
apoyo que fue decisivo para aquel
modesto proyecto estudiantil
que rebasó todas nuestras expectativas
insulares. Gracias una vez más, don
Ricardo. Su presencia con-
tinuará siempre entre nosotros y todo
nuestro pueblo.
Wenceslao Serra Deliz
JUNTA DIRECTIVA GRUPO GUAJANA
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Declaración del Movimiento Poético
Mundial
En el marco del 21º Festival
Internacional de Poesía de Medellín,
directores y representantes de treinta y
siete festivales de poesía de cuatro
continentes se han reunido durante cinco
días para hablar sobre el estado de la
poesía y los festivales de poesía
alrededor del mundo, analizando y
discutiendo las preocupaciones humanas y
los aspectos relacionados con nuestras
dificultades y logros como parte de
organizaciones locales que promueven la
poesía en cada una de nuestras ciudades
y países.
En las primeras sesiones se discutió la
relación entre la poesía y la paz y la
reconstrucción del espíritu humano, la
reconciliación y recuperación de la
naturaleza, la unidad y la diversidad
cultural de los pueblos, la miseria
material y la justicia poética y sobre
las posibles acciones a tomar en pos de
la globalización de la poesía.
Los participantes decidieron establecer
el Movimiento Poético Mundial, cuyo
principal propósito será el de
incrementar la cooperación entre los
festivales de poesía y así fortalecer
nuestra voz colectiva.
El Movimiento Poético Mundial reconoce
que:
-
La poesía provee una visión
significativa de la condición
humana.
-
Contrariamente a la idea de que los
lenguajes dividen el mundo, es
precisamente esa diversidad de
lenguajes la que enriquece los
festivales de poesía.
-
El Movimiento Poético Mundial
fortalecerá cada festival en su
enfoque local y global de sus retos
y preocupaciones.
-
La excepcional
conexión con el público evidenciada
en el Festival Internacional de
Poesía de Medellín hace resaltar el
valor de la poesía para llegar a la
gente.
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VISIÓN DE UN AMISTOSO ENTE A TRAVÉS DE
GUAJANA
-A Mateo Morrison
En algún momento del año 67, nuestro
director vitalicio y adelantado Vicente
Rodríguez Nietzsche
visitó la capital dominicana junto a los
poetas Andrés Castro, José Manuel Torres
y Edgardo López pa-
ra realizar un encuentro con el grupo
literario “La isla”. Allí tuvieron el
primer contacto con Mateo
Morrison. Dos años más tarde, Vicente y
Edgardo regresan, esta vez al Festival
de Poesía Joven, du-
rante el cual visitan la casa de don
Pedro Mir acompañados por Mateo. Diez
años pasaron, al cabo
de los cuales Guajana reapareció en
grande con la muestra “Gráfica y Poesía”
y el periolibro “Lírica
Colérica”. Esta vez asistieron Vicente,
Andrés, Ángela María Dávila y Etnairis
Rivera, y los artistas
gráficos José Antonio Torres Martinó,
José Rosa, Luís Alonso y Consuelo Gotay,
quien estableció allí
una escuela-taller de gráfica que gozó
de una notable aceptación e influencia.
En el 82 Vicente par-
ticipó en el Encuentro Pablo Neruda de
Poesía.
Un buen día entre el año 89 y 90,
Vicente me llamó a mi oficina en la UPR.
Me dice tengo en línea
al poeta Mateo Morrison y quiero que lo
conozcas, hablen. Me sorprendió el
torrente de voz, entu-
siasmo y fuerza de aquel hombre
fantasmal que no podía ver al otro lado
del Caribe. Esa primera im-
presión tectónica y sin rostro aún
perdura en la memoria y fue un buen
augurio para una larga her-
mandad y mutua colaboración que me abrió
definitivamente las puertas de su país.
Mateo estaba a cargo entonces de la
Dirección de Cultura en la UASD. Desde
aquella pequeña y
modestísima oficina hacía un gran
trabajo que sólo era posible gracias a
su entusiasmo hiperbólico
por la poesía y la cultura. Fundó varios
talleres literarios –entre ellos el
César Vallejo-, de los que
salieron escritores destacados. Con una
gran visión de futuro, fomentó la
literatura y otras artes en
las comunidades, creando un necesario
sentido de autosuficiencia y valía
social (comunidad de
Gualey, que visité). También dirigió el
suplemento literario “Aquí” del
periódico La noticia durante
veinte años. Una veintena de años previo
a todo esto, fue un destacado miembro
fundador del
grupo cultural y literario “La antorcha”
en 1967, junto a Alexis Gómez, Enrique
Eusebio, Rafael
Abreu Mejía y Soledad Álvarez. Todos
estaban marcados de una forma u otra por
el fin de la dic-
tadura, la guerra cívico militar y la
invasión norteamericana del 65.
Por mucho tiempo he caminado con su
poemario Aniversario del dolor y he
tenido visiones
oníricas con un amoroso ente en aquella
casa que amenazaba llenarse de sombras a
fines del
siglo veinte.
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EN
ROJO martes, 13 de septiembre de 2011
Cuando Omar Orrusti –ese gran memorioso
insular– me informó que el próximo
(vigésimo sexto) Baquinoquio se
dedicaría al poeta Edwin Reyes y que ya
había solicitado algunas colaboraciones
escritas, no imaginé que al cabo de
varios días Alida Millán me pediría que
me encargase de organizar toda una
edición especial de En Rojo dedicada a
la misma figura. El único requisito era
que su publicación debía coincidir con
la celebración de esa ya famosa
actividad en la que se celebra
anualmente el genio y la figura de
Roberto Alberty.
Imposible negarse: Edwin se integró a
nuestra revista Guajana desde su segunda
edición en diciembre de 1962, con un
texto en prosa poética titulado La
creciente del Toro Negro; fue
colaborador acérrimo de CLARIDAD y
cofundador de su pionero y destacado
suplemento cultural; fungió allí y en
otros medios como periodista; desarrolló
proyectos fílmicos contra viento y
marea; logró que el Municipio de San
Juan declarara al grupo Guajana como
“Artista Residente”, lo que me permitió
ofrecer un taller de poesía de todo un
año en el residencial Las Gladiolas II
(1995-96); y vivió un legítimo
compromiso con su ideal patriótico.
Vimos su pasión por la poesía, su
angustia vital, sus contradicciones
espinosas, su energía elemental que a
veces hería como un puñal. Con algunos
amigos poetas asistí a su estoica agonía
cuando, impedido de hablar, me escribió
una línea temblorosa en la que me pedía
poemas nuevos que no alcancé a llevarle.
Éste es el segundo homenaje que se le
rinde en las páginas de En Rojo. El
primero correspondió a la edición del
19-25 de enero de 2001, a pocos días de
su fallecimiento. Esta vez hemos contado
con mayor tiempo y sosiego, lo que nos
ha permitido cubrir otros aspectos de su
vida y obra, como su labor de cineasta,
su vida cotidiana, familiar, la creación
de mitos poéticos y otros.
Finalmente, debemos agradecer las
excelentes y sensibles aportaciones de
los colaboradores de esta edición, entre
los que figura su propia hija Marina,
quien ha enviado desde Buenos Aires un
texto íntimo y revelador. Se confirma
así una vez más que la presencia
multifacética de Edwin Reyes, es,
parafraseando al poeta de Orihuela, un
vibrante rayo que no cesa.
Wenceslao Serra Deliz,
Editor invitado
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